miércoles, 23 de octubre de 2013

Un poema

Releyendo el poemario que trabajé durante la maestria y que aún no me animo a publicar encontré un poema que nunca compartí en este blog. Debo confesar que casi no me reconozco. Son mis versos y sin embargo, la Joanne que los escribió me parece extraña y lejana. Lo que me pareció interesante fue que, a pesar de haber escrito ese poema hace tal vez cinco años, bien podría haberlo escrito la mujer que soy hoy. Aquí se los dejo:


Un zigzagueo inmutable se repite hacia el infinito.

En este ir y venir
ella se pierde un poco cada día
se va fundiendo en la automaticidad de las cosas
que no requieren impulso o propensión alguna
porque todo esta predeterminado
hecho de acuerdo a una medida
como metal que se recicla una y otra vez en un troquel.

miércoles, 16 de octubre de 2013

Apego repentino


Apenas las once de la mañana y ya me siento abatida. Hoy tocaba a las niñas ir al day care y Stella por segunda vez se negó a ir. La semana pasada tuve que regresar con ella a casa por que insistía en que ya no le gustaba ir, que quería quedarse conmigo (Lucía felizmente se quedó). Desde hace unas cuantas semanas voy notando que ambas niñas se han ido apegando demasiado a mí, al punto de no querer ser atendidas ni por su padre. No le estaba dando mucha mente al asunto hasta hace unos días. Ahora comienzo a dudar qué tanto le beneficia el estar conmigo en casa. O mejor dicho, sé de los beneficios pero, ¿cómo hago para no sentir que las sobre protejo, para que ellas no se acostumbren a depender totalmente de mi, para alivianar sus miedos en vez de aumentarlos? Soy su mamá y sé que lo natural es que los niños confíen en que sus padres los pueden proteger así como responder a sus inquietudes pero tarde o temprano tienen que ir a la escuela, separarse de los brazos de su madre para socializar con otros niños, aprender de todo cuanto le ofrece el mundo y su alrededor.

Lucia aún esta pequeña y su apegamiento es más que comprensible, lo acepto y apoyo. Stella tiene tres y medio y su repentina dependencia no es normal en ella. Ella de por sí es algo introvertida (heredó mi personalidad), pero siempre ha sido independiente y sociable. Quiero que ella se sienta cómoda donde quiera que vaya, que no necesite esconderse detrás de mi para hacer sus cosas. No sé si me explico. Claro que estaré a su lado siempre, pero no quiero que sea la niña extremadamente tímida que fui, siempre en las afueras, esperando a que alguien se acerque, solitaria e insegura de mí misma y con miedo a tomar cualquier paso o decisión. Aun hoy, a mis treinta y cinco años, hay rasgos de esa niña y, sé que esa inseguridad y miedo es lo que en parte me ha cohibido de lograr algunas metas o de por lo menos intentar alcanzarlas. No quiero eso para mis hijas. Deseo que luchen por lograr sus sueños, que nada se interponga ante ellos, ni si quiera yo, su madre. Aun así, siempre estaré a su lado protegiéndolas como pueda, aconsejándolas para que tomen el camino que me parezca más seguro y apropiado para ellas, ofreciéndole mi amor infinito.

Espero encontrarte de mejor ánimos esta tarde, mi niña.