sábado, 23 de septiembre de 2006

Coney Island


Mi prima Jackie, yo y mi mamá.
Ir a Coney Island es volver a mi niñez, es pensar en mi madre, en las reuniones familiares sobre la arena de la playa, entre gaviotas y un sol ardiente. Entonces no conocía las playas caribeñas y me bastaba las aguas frías y oscuras del atlántico. Nada superaba el tener una familia grande, todas residentes en Brooklyn, cerca para cualquier festividad o salida dominguera.

Recorriendo la arena con mi hermano no pude evitar pensar en las fotos que guarda mi madre, las cuales fueron tomadas en los ochenta, cuando mi cabello era amarillo y mis mejores amigas eran mis primas Jackie y Jenny, con quienes hoy hablo y veo poco. Entonces compartía una habitación con mi hermano y a mi madre la veía en las tardes, cuando llegaba de un largo día de trabajo en una fábrica de sombreros. Las pocas horas que compartíamos durante la semana era compensadas con los sábados y domingos en que todo su tiempo era dedicado a nosotros. Estaba muy chica como para recordar en que consistía cada fin de semana pero recuerdo eso, su compañía los fines de semana, los purés de papa para el almuerzo y las horas frente al televisor viendo la lucha libre con mi padre. Al final son esas pequeñas cosas que quedan, aquellos momentos en que uno siente más amor y es más feliz. Por tal motivo Coney Island es un lugar especial para mi. De todas las veces que visité su playa y parque, recuerdo la risa de mi tío y el abrazo de mi madre mientras montábamos unos de los juegos de Astroland Park. Aunque no recuerdo con exactitud mis visitas a Coney Island, el caminar el boardwalk, sentarme en la arena u observar el carrusel es sentirme en casa, es regresar a esa parte de mi que pertenence a ese condado que me vio nacer y donde aprendí mis primeras palabras, tanto en inglés como en español, es pensar en el sacrificio de mis padres por querer brindarnos un futuro mejor. Ver a los niños jugando en Astroland es verme a mi misma, años atrás cuando un parque de diversión era la gloria para quien se pasaba la mayor parte del año entre las paredes de un apartamento y su escuela.

Hoy día, el parque de Coney Island aún tiene la mayoría de los juegos y atracciones que existieron durante mi niñez; aún están las motocicletas y el carrusel de las fotos que guarda mi madre. El Cyclon y el Wonder Wheel están ahí desde los años veinte y constituyen parte de la historia de Brooklyn. El tiempo ha desteñido los colores de los juegos, las luces y letreros forman parte de una época pasada, nada parecido a los parques modernos y lujusos pero, ahí radica el encanto de Coney Island, un lugar que ha sobrevivido los cambios de la modernización y el capitalismo para permanecer algo intacto, detenido en la memoria de quienes crecieron junto a él y lo visitaron cada verano, considerándolo entonces como un pedacito de cielo.






Fotos tomadas por Joanne (salvo la primera, claro). Mas fotos de Coney Island en http://www.flickr.com/photos/barcarola/sets/72157594273896173/

Mi foto favorita de Coney Island

Hablando de Coney Island, he aqui mi foto favorita (si, soy yo):

viernes, 22 de septiembre de 2006

Algo perdida...

He intentado volver de a poquito al blog pero en estos días le he tomado horror al teclado. Por tal motivo, les dejo con un viejo texto, mi primer intento de narrativa. Obviamente, no tengo dotes para el cuento pero quise salvar este texto del cajón del olvido ya que me trae lindos recuerdos de la época en que surgió. Quizás el pensar en aquella época me motive a escribir.


La perdida

Con pasos lentos recorres la misma calle. Sientes el frío quemar tu piel y el viento que despeina tus cabellos. Te detienes un momento debajo del único faro de luz que habita la oscuridad del lugar y contemplas el cielo, mientras tu mente vuela lejos, hacia aquel día en que escapaste.

Tardaste toda la semana en preparar la fuga. Llenaste la mochila con tus pertenencias más preciadas: el diario, las cartas y un par de libros, ellos representaban tu vida. Ya no aguantabas más. Cansada de tener que ser siempre la niña buena y sumisa, tomaste un poco de dinero y marchaste hacia la puerta. La idea era nunca más volver ni mirar hacia tras. Sí, sin duda fue un viaje sin regreso. Siempre exigieron más de lo que podías dar y no comprendían que al igual que ellos eras humana y sobre todo una mujer; una mujer que siente y que anhelaba vivir cosas nuevas. Ya no soportabas esa sociedad hipócrita que todo esconde detrás de un nombre o de una reputación. Un pueblo que hace alarde de su fe implacable y su “benevolencia” ante los marginados, pero que esconde tras de sí alguna historia oscura Así cualquiera es bueno ante los ojos de Dios, pero tu no querías ser buena ante los ojos de nadie. Querías ser tu misma.

Dijiste que ibas a estudiar, ese era el pretexto para escapar esa mañana de aquella mentira en que se había convertido tu vida. El camino que forjaste ese día apenas comenzaba. Cómo imaginar el giro que daría tu vida. Vagaste por muchas calles, llevaste una vida bohemia y hasta te convertiste en poeta, todo te inspiraba. Te hiciste amiga de los perros y de la noche. Dormías tranquila, sin ningún tipo de remordimiento haciendo todo cuanto querías sin importar si te juzgaban o no. Seguías tus instintos, los cuales te llevaban por caminos desconocidos por ti hasta entonces y que disfrutaste a plenitud.

En tu casa te extrañaron y conocías el dolor que le causabas. También sabías que te buscaban, pero nada te haría regresar. No querías dejarte vencer por alguna repentina debilidad. Te considerabas una mujer fuerte, al menos esa es la imagen que querías proyectar o con la cual te engañabas a ti misma. Todo el pueblo salió a la calle detrás de alguna señal o huella que le confortaran o por las cuales pudieran deducir la verdad de tu extraña desaparición. Nada, nunca encontraron tu cuerpo, nadie jamás te volvió a ver. Parecía haberte tragado la tierra. - La pobre niña, tan dulce y tierna- decían todos. Cómo no ganarte su cariño si eras la decencia y pureza personificada.

Esperaron por horas, días y semanas. Tu foto apareció en la prensa y debajo, en letras grandes, decía: PERDIDA. Leyendo el periódico te burlabas de tu astucia, pues te habías salido con la tuya, pero poco imaginabas que en el afán de ser independiente en verdad te perderías. Después de tanta espera ofrecieron una misa por tu muerte. Estuviste allí, aunque irreconocible, para ver el rostro de aquellos los que te amaban y de los que incluso sorprendiste con una cínica sonrisa y sollozo fingido. A veces pienso que fue tuyo el cinismo. La vida era buena y te sonreía por lo que pensabas que no era el momento para dejar tu libertad. Compartías tu soledad con cualquiera y recorriste el mundo sin inhibiciones ni prejuicios. Eras feliz, o al menos eso creías. En el camino perdiste toda vergüenza, pudor e incluso tu dinero. De repente tu ansiada libertad llegó a su fin y te convertiste en esclava de tu propia condena.

Ahora estás aquí, sola en estas calles vacías, esperando pacientemente a que pase la jornada y comience el nuevo día, el cual será igual a todos. Divisas una luz lejana que se acerca y te arreglas el pelo, desteñido ya por el tiempo. Arreglas tu falda y te bajas el escote. El auto se detiene y el chofer te hace una señal, la cual entiendes sin ninguna dificultad. Subes al carro, sonríes, y observas por un instante al hombre a tu lado. Tiene buena apariencia y te sientes confiada, pues con suerte este cliente pagará bien, y todo a cambio de un poco de placer.

24 de marzo de 2001

miércoles, 13 de septiembre de 2006

Con poco tiempo pero tranquila

Cuán cortos y a la vez extensos han sido estos últimos días. Una tormenta ha arrasado con mis horas y pensamientos. Consigo se llevó mis dudas y miedos, dejándome a cambio la primavera, un huerto rodeado de aire fresco y puro, la paz que anhelaba mi corazón y que aún no deja de sorprenderlo. En lo que me acostumbro a esta extraña sensación de sosiego y alegría debo aprender a distribuir mejor mi tiempo para asi mantener el equilibrio entre el nuevo jardin que necesita de mis cuidados y el mundo del cual necesito para respirar, aquel donde duerme mi poesía y a la vez vibran los rieles del subterráneo.

Poco a poco iré regresando al blog, poniéndome al día con mis cosas y visitando a mis amigos en la red.

domingo, 3 de septiembre de 2006

Ventanas en el Village

Luego de un sábado de lluvia, fuertes vientos e inesperado frío, hoy fue un día espectacular. Amaneció nublado pero de repente salió el sol y sentí cosquillas hasta en los pies. Necesitaba salir, caminar, sentirme viva, sentir que aún el verano no se había marchado por completo.

Y asi fue, un hermoso día de agosto en el que recorrí las calles del Village. Me encontré con el Washington Square Outdoor Art Exhibit, el cual se celebra dos veces al año desde 1931, cerca del parque Washington Square. Artistas exponen y venden sus obras de arte, sean pinturas, fotografías, esculturas, entre otras. En esa exhibición fue que compré hace cuatro años la ventana que cuelga en una pared de mi habitación, la cual, destrás de su cristal, tiene pintada una playa (y la arena es real). Todo el que la ve se la encuentra simpática pero cuando le digo que en verdad la compré y cuánto pagué por ella me dicen que estoy loca, que una ventana como esa la encuentro en cualquier basurero y sólo tengo que pegarle un dibujo y listo, ventana y playa sin costo alguno. Que les puedo decir, me enamoré de ella desde que la vi y para mi es una idea genial. La compré porque me recordaba las playas de mi país y quería imaginarme que el mar me esperaba fuera de mi ventana imaginaria aún cuando me encontraba dentro de mi sobrio apartamento.

Hablando de ventanas, caminando por el West Village me encontré con un sin número de edificios y ventanas curiosas. He aqui el resultado:

viernes, 1 de septiembre de 2006

En paz

Indiferente,
se deja sumergir despacio
en oscuras aguas
mientras cuenta los segundos
con cada latido.