Después de una larga semana de altos y bajos, hoy me siento major. El día está soleado, al fin parece verano. Ha llovido mucho estos días lo cual no ayudaba mi estado de ánimo. El martes, día en que aqui celebraban la independencia estadounidense, me pasé el día en casa hasta que a eso de las cuatro de la tarde no pude más y decidí salir a caminar. Sabía que iba llover pero no me importaba. Me puse mis calizos y minifalta y salí en pleno aguacero. Tomé el tren, llegué a la librería y en ella me refugié de la lluvia por unas horas, tome un café y para entonces había dejado de llover. Al llegar a casa, ignoré los fuegos artificiales y me puse a ver a Casablanca. Compré dicha pelicula hace como dos años pero nunca me animé a verla. Me encantó. Háblenme de amores imposibles y tienen toda mi atención. Humphrey Bogart, como siempre, genial.
Hablando de películas, en eso me he pasado el tiempo esta semana. Estoy tratando de ponerme al día con ello ahora que no estoy tomando clases. El lunes vi a Superman. No tenía la intención de verla pero no me quedó de otra. Otra historia de amor imposible... El joven que reemplaza a Christopher Reeve estuvo excelente, hasta se parece un poco físicamente. No soy amante de las peliculas de super héroes pero está me encantó.
El miercoles vi a The Devil Wears Prada. Increible, pero esta película ha llamado mucho la atención de los neuyorkinos; todos los días las salas de cine están llenas. Quizás es por que muchos pueden identificarse con Andrea, quien tuvo que dejar a un lado sus sueños y creencias a cambio de un trabajo que, aunque no el ideal, le abriría muchas puertas y pagaría la “renta”. Y asi es la vida, no sólo aqui pero en muchas partes del mundo, para sobrevivir hay que dejar los sueños a un lado, postergarlos un tiempo hasta tener la estabilidad económica que le permita a uno dedicarse a aquello que nos apasiona. Triste, pero esa es la realidad de este mundo capitalista del cual formamos parte.
Hablando ahora de sueños y pasiones, el martes tomaré mi primera clase de guitarra. Siempre he querido aprender a tocar guitarra, es mi instrumento favorito. Cuando tenía trece años mi padre me regaló una guitarra para mi cumpleaños después de mucho insistirle en que quería ser cantante, escribir mis propias canciones y tocar guitarra. Tomé clases por un año y luego de una terrible verguenza que pasé en una presentación en la cual, después de mucho ensayar, no me atreví a salir por que se me olvidó la canción. Mi padre, quien orgullosamente me esperaba entre el público, jamás se le olvidó esa desilución. Tanto esperar a su hija y ella se escondió detrás del telón donde no hacía mas que llorar. Me tomó muchos años recuperarme de aquello y ya cuando estaba lista para retomar las clases el tiempo no me lo permitía. En mi viaje a Santiago el mes pasado traje mi querida guitarra conmigo. Ayer le cambié las cuerdas. Esta vez espero no defraudarla y aprender a tocarla. Veremos como me va.
Mi guitarra es una de las cosas que tengo pendiente para este verano. Tengo que dejar a un lado tantas tristezas e invertir mi tiempo en cosas que me hagan sonreír. Estoy hastiada de tantas decepciones y frustraciones, especialmente las que me causo a mi misma.
Estoy lista para el fin de semana.
Hablando de películas, en eso me he pasado el tiempo esta semana. Estoy tratando de ponerme al día con ello ahora que no estoy tomando clases. El lunes vi a Superman. No tenía la intención de verla pero no me quedó de otra. Otra historia de amor imposible... El joven que reemplaza a Christopher Reeve estuvo excelente, hasta se parece un poco físicamente. No soy amante de las peliculas de super héroes pero está me encantó.
El miercoles vi a The Devil Wears Prada. Increible, pero esta película ha llamado mucho la atención de los neuyorkinos; todos los días las salas de cine están llenas. Quizás es por que muchos pueden identificarse con Andrea, quien tuvo que dejar a un lado sus sueños y creencias a cambio de un trabajo que, aunque no el ideal, le abriría muchas puertas y pagaría la “renta”. Y asi es la vida, no sólo aqui pero en muchas partes del mundo, para sobrevivir hay que dejar los sueños a un lado, postergarlos un tiempo hasta tener la estabilidad económica que le permita a uno dedicarse a aquello que nos apasiona. Triste, pero esa es la realidad de este mundo capitalista del cual formamos parte.
Hablando ahora de sueños y pasiones, el martes tomaré mi primera clase de guitarra. Siempre he querido aprender a tocar guitarra, es mi instrumento favorito. Cuando tenía trece años mi padre me regaló una guitarra para mi cumpleaños después de mucho insistirle en que quería ser cantante, escribir mis propias canciones y tocar guitarra. Tomé clases por un año y luego de una terrible verguenza que pasé en una presentación en la cual, después de mucho ensayar, no me atreví a salir por que se me olvidó la canción. Mi padre, quien orgullosamente me esperaba entre el público, jamás se le olvidó esa desilución. Tanto esperar a su hija y ella se escondió detrás del telón donde no hacía mas que llorar. Me tomó muchos años recuperarme de aquello y ya cuando estaba lista para retomar las clases el tiempo no me lo permitía. En mi viaje a Santiago el mes pasado traje mi querida guitarra conmigo. Ayer le cambié las cuerdas. Esta vez espero no defraudarla y aprender a tocarla. Veremos como me va.
Mi guitarra es una de las cosas que tengo pendiente para este verano. Tengo que dejar a un lado tantas tristezas e invertir mi tiempo en cosas que me hagan sonreír. Estoy hastiada de tantas decepciones y frustraciones, especialmente las que me causo a mi misma.
Estoy lista para el fin de semana.