domingo, 5 de febrero de 2006

Miedo

Te miras en el espejo y notas lo mucho que has cambiado. No fue sino hasta hace poco que me te diste cuenta de que es cierto eso de que los años no pasan en vano. Siempre te dicen lo mismo, "No has cambiado en nada, estás igual a la última vez que nos vimos". Mentira. No sabes explicar con exactitud en qué ha cambiado tu rostro, pero sabes que no es el mismo. Para confirmar todo esto, ayer encontraste una hebra blanca en tu cabello. "Que vanidad!", dirán los demás. Si, sabes que en el mundo hay problemas más graves en que pensar, que dichosos aquellos que...., etc., etc. Sin embargo, te convences a ti misma de que en determinado momento, todos piensan en estas trivialidades. ¿Y cómo no evitarlo? ¿Cómo no evitar pensar en los cambios físicos que atraviesas cuando, después de pasar un día completo en la soledad de tu apartamento, te miras en el espejo sólo para encontrar que la imagen misma te grita "estás sola". Entonces te preguntas cuanto tiempo estarás asi, cuanto tiempo pasará antes de que tu corazón decida lanzarse, antes de que él encuentre ese "alguien" que esperas. El tiempo está corriendo, la vida te está pasando por el frente y no estás construyendo recuerdos para cuando llegue el momento de sacar cuentas.

Queriendo escuchar una voz confortante que aniquilara el silencio abrumador llamas a tu madre. ¿Cómo decirle de tu soledad? ¿Cómo decirle que extrañas su abrazo sin ponerte a llorar y de paso mortificarla? Hablas con ella con un nudo en la garganta; hablas pausadamente para evitar sollozar y tener que admitir tu tristeza. El tiempo está corriendo y no tienes a tu lado las personas que más amas en el mundo. ¿Cómo no pensar en los cambios, en la vueltas misteriosas que toma tu vida, en las noches de soledad que se repiten más veces de lo que querido? Ya no eres una niña pero cuánto quisieras serlo. Y si, reconoces estar comportándote como una cobarde, como alguien que teme enfrentar el futuro y busca refugio en una vida en que todo era menos complicado. Pero, ¿Qué importa que te tachen de cobarde? ¿Que importa admitir el miedo, el terror a llevar una vida vacia, a mirar hacia atrás un día y aceptar que dejaste pasar los días en vano? Tienes miedo. Ahi está. Esa es tu verdad.

Mulberry Street y un corte de pelo

Tomé el tren camino a Manhattan. Tenia una cita a las 1:00pm en un salón localizado en la calle Clinton, en el East Village. No lo conocía ni me había dado cuenta de lo lejos que estaba de la salida del tren. Estaba lloviendo. ¿A quién se le ocurre ponerse unas botas de tacón alto cuando está lloviendo y tiene tanto que caminar? Sólo a mi. Llegué al salón con los pies adoloridos por no verificar la dirección en el internet antes de salir. Pero recorrer la calle Houston fue interesante: muchos bares y cafés, el cine donde vi "Raising Victor Vargas" por primera vez y la calle donde vivia mi abuelo cuando era una niña. Claro, en ese tiempo la renta no era tan cara y esa parte de Manhattan no era tan comercial y popular como es ahora.

No sé porqué recuerdo con tanta claridad el apartamento donde vivían mis abuelos maternos en la calle Mulberry. El apartamento quedaba en un segundo piso y al entrar lo primero que se veía era el fregadero (de esos blancos de cerámica) ya que la entrada quedaba en la cocina, cuyas paredes estaban pintadas de azul claro (creo). Habían dos habitaciones, una a mano derecho de la cocina y la otra a mano derecha, justo al lado de la sala. Era un apartamento pequeño, como la mayoría de las viviendas en esta cuidad. Recuerdo unos unos mueblos color vino, de pana. (En la foto: el edicio del centro es donde vivian mis abuelos, en el 2do piso, a mano izquierda)

Frente al edificio está el Puck Building. Cuando niña, ese edificio era todo un misterio para mi. Siempre habían actividades en él pero, apesar de sus gigantescas ventanas, no lograba ver nada de su interior. En la misma acera del edificio donde vivía mi abuelo está un centro donde mi tio César (Felo) se casó y por alguna razón también tengo un vago recuerdo de esa boda. Algo que nunca se me olvida eran las fiestas italianas que se hacían (y que aún se celebran) en "Little Italy" (la pequeña Italia), en el barrio Italiano que quedaba a unas cuadras de mis abuelos. Recuerdo la multitud, la comida y las decoraciones rojas, verdes y blancas que prendian desde los postes y que de noche iluminaban las calles. Recuerdo una bodega hispana que habia en la esquina y donde comprábamos papitas y refrescos asi como un restaurante que tenia mi tio Manuel (cariñosamente "Papi", como le dice la gente) y que me parece quedaba a una cuadra. No sé cuando fue la última vez que visité ese apartamento. Mis abuelos regresaron a la República Dominicana mucho antes de yo ir a vivir allá. De seguro mi madre tiene muchos recuerdos de él.

Pero en fin, volviendo a la calle Houston y el salón, tardé mucho en llegar pero cuando alcancé el East Village me encontré con una parte de Manhattan que desconocía. Cada vez que encuentro algo nuevo en esta cuidad no puedo evitar el sorprenderme y sentirme emocionada; y es que, es asombroso la diversidad de esta pequeña isla, la excentricidad de mucha de su gente y de sus bares, tiendas, cafés y restaurantes. Me encontré con unos cuantos hispanos y hasta un restaurante Dominicano, llamado "El Cibaeño". Estaba tarde para mi cita y por eso no pude tomar fotos de todo cuanto llamó mi atención.

Llegué al fin a mi destino y terminé con un nuevo "look". A ver si se me pega algo bueno con el cambio.

En la foto: la Calle Houston con Lafayette vista desde la esquina de Mulberry.

sábado, 4 de febrero de 2006

10:40am

10:40am. Acabo de levantarme. Necesitaba tanto poder dormir hasta tarde sin preocupaciones, sin la prisa de tener que llegar a alguna parte, saber que nada ni nadie me espera. Después de una semana agotadora, el dormir tranquilamente por horas me ha devuelto las fuerzas para seguir.

Dentro de un par de horas saldré para el salón a cortarme el cabello. No soy muy amiga de los salones de belleza ya que no soporto el sentarme a esperar; es una pérdida de tiempo. Pero mi cabello está demasiado largo (llega hasta el fina de mi espalda) y ya no puedo con él. Además, un cambio me hará bien.

Al regresar del salón tengo una cena que asistir. Hoy será un buen dia. No importa que esté lloviendo.

viernes, 3 de febrero de 2006

Una nueva canción

¿Qué buscas al tocar mi puerta? ¿Porqué insistes en reclamar lo que fue tuyo y dejaste por tu egoismo? ¿Para que remover la tierra seca? ¿Serás acaso tan iluso como para creer que mi vida sin ti no es más que hueco, una pesadilla de la cual no logro despertar si no es con tus besos? Te equivocas.

Mi vida ha seguido su cauce, esta vez en aguas limpias y transparentes, claras como el horizonte que le guia. Mi vida ahora puede escuchar el rumor de sus aguas sin confundirse con tu eco, sin encontrarse con tus rocas y tormentas. Ella no necesita de tu aire para respirar, no necesita de tu abrigo o tu sombra. Su refugio está en las noches serenas y el silencio de los dias.

Sigue tu camino y déjame econtrar el mio. El tocar mi puerta no cambiará el curso de las cosas ya que mi corazón ha cerrado su portal, ha creado muros contra ti y en silencio canta una nueva canción.

miércoles, 1 de febrero de 2006

Muerte de mis versos

En varias ocasiones he querido sentarme a escribir, mas no he podido. He querido contar lo que sentí al ver "The Lover", pelicula basada en la novela de Marguerite Duras; la emoción que me provocó la pelicula "Pink Floyd, The Wall"; lo contenta que estoy con una de mis clases; la nostalgia que sentí anoche cuando al llegar a casa sentí el peso del silencio; la tranquilidad que me causa el reencuentro con mi amiga Johanna; entre otras cosas. Los días se me han hecho cortos y las cosas en la oficina se han complicado.

Ahora mismo son las una y media de la mañana, tengo sueño, estoy cansada. Pensaba escribir un poco pero se han esfumado las ideas y no hay ánimo para mucho. Por lo tanto, los dejo con un poema que escribí una tarde hace cinco años cuando, sintiendo algo similar a lo que siento ahora, pensaba en mi incapacidad de volver a escribir un verso.


Muerte de mis versos

Fluyeron las palabras
en la tormentosa corriente
de lo que fue mi río.
Cuidaron de sus riberas
el verdor del monte.
Fue su canto hogar del alba,
alimento del día.

De sus aguas emergieron mis versos,
brotaron efusivas las palabras,
recorrieron el caudal con sus aletas
cual pez en huida;
mas fueron presas del silencio.

Murieron los efluvios, las voces, mis versos.
No hay musa que aflore
el callado sentir de mi río.
Han tallado los árboles que le guardaban,
y el alba... cuán ingrato fue.
Se llevó consigo las mariposas
la calidez de su aura,
el canto de mi azul.
Se secó el cauce de mi río
y en la aridez del mortal silencio
yace mi voz.

La sequedad le amenaza
y ella sólo reclama la humedad de un beso.
Un beso que despierte las voces dormidas,
rocío que devuelva la vida a mis versos.
Una llovizna, si,
tan sólo un poco de lluvia que moje sus labios
y florezcan las palabras,
un poco de lluvia que salve mi poesía.