sábado, 12 de agosto de 2006

3:49am

3:49am. No puedo dormir; o mejor dicho, no pude seguir dormiendo. Anoche llegué del trabajo y me tiré sobre la cama. No desperté hasta ahora. Antes de anoche me pasó algo parecido, me acosté con la intención de cerrar los ojos un rato, descansar, para luego levantarme. Dormí hasta el día siguiente. Normalmente no duermo mucho pero en estos días mi cuerpo y mi mente me lo han pedido.

Dormir es una forma de escapar por unas horas; navegar hacia el vacío, donde la mente no piensa y el corazón no siente; o bien escapar a otro mundo donde nada es imposible y puedes recrear el mundo a tu antojo.

Ahora debo marcharme, hay unicornios, nubes y estrellas en espera.

jueves, 10 de agosto de 2006

Match Point

"The man who said 'I'd rather be lucky than good' saw deeply into life. People are afraid to face how great a part of life is dependent on luck. It's scary to think so much is out of one's control. There are moments in a match when the ball hits the top of the net and for a split second it can either go forward or fall back. With a little luck it goes forward and you win. Or maybe it doesn't and you lose". Match Point

Luego de ver a “Match Point”, película dirigida por Woody Allen, no puedo evitar pensar en la suerte, cuestionar qué tan importante es el papel que juega en nuestras vidas. Tendría que coincidir con Chris (Jonathan Rhys Meyers), el protagista de la película que se ve envuelto en un apasionado romance con Nola (Scarlett Johansson), en que hay tanto de nuestras vidas que está fuera de nuestro control, situaciones que se le presentan a uno sin uno esperarlas; unos minutos tarde, unos minutos más temprano, una simple observación, un encuentro casual, devolverse a buscar algo que se olvidó, decidirse por comida italiana en vez de china, ir al supermercado un viernes como cualquier otro, recoger una revista en una librería; todas estas cosas tan comunes y triviales pueden cambiar nuestro destino en cuestión de segundos, sólo hay que estar en el tiempo y lugar indicado para encontrarnos en ese momento que determinaría los acontecimientos a seguir, sean buenos o malos, momentáneos o permanentes. Todo es cuestión de suerte. Las cosas pueden o no darse a nuestro favor y muchas veces no podemos controlar el destino de ello; de esto se trata en parte la película Match Point. El simple hecho de lanzar un anillo al mar cambia la suerte de Chris (cuya obsesión con Nola lo lleva a un gran dilema), siendo importante no el lanzamiento del anillo sino dónde cae. El azar se hará cargo de lo que suceda después.

En mi caso, no sé qué tanto ha sucedido por suerte o decisión mía. No puedo hecharle toda la culpa a la suerte y decir que por su causa me ha ido bien o mal en la vida. Muchas de mis decisiones no han sido tomadas inteligentemente mientras que con otras he sido más afortunada. Pero, ahora que lo pienso, ¿acaso no será cobardía creer en la suerte en vez de enfrentar el hecho de que uno mismo teje su destino y toma decisiones cuyas consecuencias dependerán exclusivamente de ello? ¿Y qué del karma, existirá? Llevo días pensando en todo esto y no llego a una conclusión. Quería ilustrar toda esta teoría de la suerte con ejemplos propios pero cada vez que pienso en alguna casualidad, alguna situación inesperada surgida supuestamente por el azar, termino enlazándola con alguna decisión o acción que haya tomado. ¿Será la suerte una excusa de cobardes, teoría de ilusos?

Sea lo que sea, crean lo que crean, les recomiendo Match Point.

viernes, 4 de agosto de 2006

Cobarde, a fin de cuentas

No le temo a la lluvia, a los días grises en que Nueva York me parece un monstruo, un mar de hierro y cemento que me traga y escupe a su antojo. No le temo a las largas horas en el metro entre desconocidos, gente de todas partes del mundo que te observan y saludan tu soledad con la misma tranquilidad en que ellos aceptan la suya.

No le temo a la crudeza de esta cuidad que te obliga a convivir entre la muchedumbre sin decir una palabra, salvo los “I’m sorry” cada vez que alguien te pisa, te empuja, te roza, te confunde con otra persona o simplemente, en su temor a saludarte, te repite lo mismo.

No le temo caminar a mi casa a medianoche, desconfiar del más mínimo sonido o sombra. No le temo al señor que todas las noches duerme en la entrada de la estación del metro con su maleta y zapatos rotos, el que hasta hace poco pensé que era mudo. No le temo a los fantasmas de mi apartamento como tampoco al silencio que lo habita todas las noches, todos los días...

Y resulta que he aprendido a convivir con la frialdad de esta cuidad, a aceptar la calidez que de vez en cuando te brinda la sonrisa de un extraño; los insoportables turistas en Times Square; la excentricidad de muchos en el Village; lo frívolo y plástico de otros en Midtown. Me he acomodado al cambiante clima, a su extremismo, a esperar la primavera con las mismas ansias en que un niño espera la navidad.

He aprendido que el temor es enemigo de la subsistencia y que la rutina puede ser un gran amigo si se sabe manipular.

Sin embargo, no he aprendido a moverme a compás del tiempo, a seguirle los pasos sin quedar atrás, faltándome el aire y casi corriendo para no perderlo de vista. Y es que aqui el tiempo no se detiene ni se apiada de nadie, te pasa por encima como un rodillo sin disculpas, penas o verguenzas.

Tiempo. Ahí radica mi miedo; en un mañana donde aún me encuentre sentada en Bryant Park, finjiendo como muchos que prefiero estar sola, esperando el ocaso con la misma esperanza de antaño, anhelando un mañana que hace mucho me pasó de largo.

jueves, 3 de agosto de 2006

Baile y patines en Central Park

Hacía calor pero aún asi no quería permanecer en casa. Tenía deseos de sentarme en un banco y observar a la gente, escapar del aire acondicionado y respirar aire fresco. No me agradaba la idea de caminar al tren en pleno sol a las tres de la tarde para luego sentirme morir dentro del subterráneo axficiante pero eso me pasa por mudarme tan lejos. Central Park estaba hermoso, como siempre. Le tomé fotos a unas flores amarillas que estaban en los alrededores del gran estanque en la entrada en la 59, de dos tortugas que nunca había visto en el parque, de los juegos que cubren lo que en invierno es una pista de hielo y caminé; caminé buscando descubrir algún nuevo rincón de la parte sur del parque. Recordé las gondolas y fui por ellas. En el camino escuché musica y enseguida supuse que seríán los bailadores en patines que un domingo de abril encontré en otra de mis caminatas. Ciertamente, eran ellos. Adelanté el paso para llegar más rápido hacia ellos y sonreir con sus movimientos, por la vestimenta extraña de algunos y para disfrutar de la alegría en sus rostros y sentir a Nueva York; y es que ahi, en ese grupo de personas en el centro del parque es cuando siento más a la cuidad; cosas asi son las que para mí definen lo que llaman La Gran Manzana. Me detuve por largo tiempo a observarlos y escuchar la música con gran deseo de bailar pero lamentablemente el baile es sólo para aquellos con ruedas. Lo hermoso de esto es ver a tanta gente diferente (diferente en todos lo sentidos) bailar la misma música con la misma alegría e intercambiar parejas, reirse uno del otro, tomarse de la mano y saltar al ritmo de hip-hop, house, pop y soul (entre otras) sin importarles nada salvo la música.

Para más información sobre esta asociación pueden visitar su página oficial (www.cpdsa.org) o visitar el blog de Marius (cpdsa.blogspot.com) donde encontrarán fotos y videos del evento. Claro, nada mejor que ir personalmente al parque y disfrutar de un domingo con ellos. Simplemente sigan la música...






Más de mis fotos en: http://www.flickr.com/photos/barcarola/; y otras fotos del Central Park Dance Skaters Association en http://www.flickr.com/groups/cpdsa/.

martes, 1 de agosto de 2006

Antología sorpresa

Estando en República Dominicana me encontré con la agradable sorpresa de que algunos poemas míos habían sido publicados (hace dos años) en una antología titulada "Safo: Las más recientes poetas dominicanas". Me emocioné muchísimo y a la vez estaba muy intrigada ya que nunca supe cuáles poemas habían escogidos para el libro. Recordaba un email que recibí solicitando mi autorización y un breve dosier. Encantada le dije que sí y esperé alguna respuesta diciendo si lo habían publicado o no. Nunca supe el destino de la antología y supuse que mis poemas no le agradaron a quien estaba encargado del proyecto y por ende, me olvidé completamente de él. Dos años después, por casualidad me entero de la existencia de la antología y aunque estoy sumamente agradecida de que me tomaran en cuenta, me hubiese gustado que incluyeran otros poemas que considero mejores porque los que están en la antología, para ser sincera, yo misma no lo consideraba buenos; son pequeños versos que uno escribe pero que jamás se atrevería a presentar para algún proyecto porque uno está consiente de su poca calidad. Tambíen les advierto que hay un error en cuanto a mi puesto que aunque me considero orgullosamente santiaguera, no nací en Santiago sino en Brooklyn, NY. Lamentablemente no incluyeron una biografía (no sé si se la envié muy tarde o simplemente se le escapó) pero eso es lo de menos; lo importante es que le agradaron mis poemas y para mi es un placer que me consideren poeta cuando siento que aún me falta mucho para ese título. Aqui les dejo con los tres poemas que me gustan de los que se encuentran en la antología:


Desidia

Tendiste al sol la memoria
y de ella comieron los pajaros.


Silencio Asesino

Tu silencio
es el arma asesino de mis días
causal del hueco infinito
donde sucumben mis quimeras.


Hiere este vacío

Hiere este vacío,
este espacio desolado, lleno de ausencia,
de sonrisas perdidas en ecos distantes.
Hiere la radio, la música que susurra tu nombre,
llama con su melodía mis caderas
deseosas de volar entre tus brazos.
Hiere el silencio,
las palabras en espera de diálogo.

Hieren las sabanas vacías,
la inmensidad de un lecho olvidado por el amor,
la insaciable sed de ti.
Mis manos te buscan,
y el frío de la almohada las quiebran,
las llenan de ansias.

Hiere el pensar,
el contar vanamente margaritas
a fin de olvidar por un instante la angustia,
caer quizás en profundo sopor
y soñar en un huerto colmado de tu esencia.
Hiere el desvelo, el ensimismamiento,
la interminable espera del alba.

Hiere la alborada,
el claro ázul cuando está el alma gris,
con anhelos de brumas y tormentas.
Hiere la soledad de mi sombra sobre el pavimento,
las voces y ruidos ensordecedores de la cuidad,
mientras la soledad se abre paso en mi pecho,
y suprime de a poco mi sentir
al gritar tu nombre entre sangre y sollozos.