Estando en República Dominicana me encontré con la agradable sorpresa de que algunos poemas míos habían sido publicados (hace dos años) en una antología titulada "Safo: Las más recientes poetas dominicanas". Me emocioné muchísimo y a la vez estaba muy intrigada ya que nunca supe cuáles poemas habían escogidos para el libro. Recordaba un email que recibí solicitando mi autorización y un breve dosier. Encantada le dije que sí y esperé alguna respuesta diciendo si lo habían publicado o no. Nunca supe el destino de la antología y supuse que mis poemas no le agradaron a quien estaba encargado del proyecto y por ende, me olvidé completamente de él. Dos años después, por casualidad me entero de la existencia de la antología y aunque estoy sumamente agradecida de que me tomaran en cuenta, me hubiese gustado que incluyeran otros poemas que considero mejores porque los que están en la antología, para ser sincera, yo misma no lo consideraba buenos; son pequeños versos que uno escribe pero que jamás se atrevería a presentar para algún proyecto porque uno está consiente de su poca calidad. Tambíen les advierto que hay un error en cuanto a mi puesto que aunque me considero orgullosamente santiaguera, no nací en Santiago sino en Brooklyn, NY. Lamentablemente no incluyeron una biografía (no sé si se la envié muy tarde o simplemente se le escapó) pero eso es lo de menos; lo importante es que le agradaron mis poemas y para mi es un placer que me consideren poeta cuando siento que aún me falta mucho para ese título. Aqui les dejo con los tres poemas que me gustan de los que se encuentran en la antología:
Desidia
Tendiste al sol la memoria
y de ella comieron los pajaros.
Silencio Asesino
Tu silencio
es el arma asesino de mis días
causal del hueco infinito
donde sucumben mis quimeras.
Hiere este vacío
Hiere este vacío,
este espacio desolado, lleno de ausencia,
de sonrisas perdidas en ecos distantes.
Hiere la radio, la música que susurra tu nombre,
llama con su melodía mis caderas
deseosas de volar entre tus brazos.
Hiere el silencio,
las palabras en espera de diálogo.
Hieren las sabanas vacías,
la inmensidad de un lecho olvidado por el amor,
la insaciable sed de ti.
Mis manos te buscan,
y el frío de la almohada las quiebran,
las llenan de ansias.
Hiere el pensar,
el contar vanamente margaritas
a fin de olvidar por un instante la angustia,
caer quizás en profundo sopor
y soñar en un huerto colmado de tu esencia.
Hiere el desvelo, el ensimismamiento,
la interminable espera del alba.
Hiere la alborada,
el claro ázul cuando está el alma gris,
con anhelos de brumas y tormentas.
Hiere la soledad de mi sombra sobre el pavimento,
las voces y ruidos ensordecedores de la cuidad,
mientras la soledad se abre paso en mi pecho,
y suprime de a poco mi sentir
al gritar tu nombre entre sangre y sollozos.