Nadie es perfecto y sin embargo te sigues castigando, continúas de masoquista, infligiendo a tu corazón más heridas de lo que el pobre sea capaz de soportar. Ahora no logras dormir tranquila porque insistes de pintar de negro todo cuanto presenta el porvenir. Ya nada es ni será como imaginaste e inventaste que sería… como si la vida fuese un lienzo que dibujas y pintas a tu antojo, que la vereda es verde porque así fue predispuesto, que debes pintar tú casa de un color neutral porque así lo determina los que saben, la autoridad, la gente. ¿Por qué no puedes pintar de morado el horizonte? ¿Y quién te impide cambiar de parecer, destruirlo todo y comenzar de nuevo, sin reglas, sin prejuicios, sin mucho razonamiento? ¿Por qué no dejarte llevar y aceptar que hay cosas que escaparan tus manos? No puedes detener la lluvia y, si no estas lista para ella, déjate mojar, deja que te bese, que te despeine y te corra el maquillaje; siéntate libre, no pienses en la ropa que se ciñe a tu cuerpo, que no te de vergüenza. Vive. Vive y despréndete de ese sentimiento de culpa, del resentimiento hacia ti misma al reconocer tu debilidad e imperfección. Despréndete de todo y se feliz.
sábado, 4 de agosto de 2007
sábado, 28 de julio de 2007
martes, 24 de julio de 2007
Todo va estar bien
“Todo va estar bien, ya verás.” Hoy no quiero escuchar esto. Aunque sé que al final todo saldrá bien hoy quiero no pretender, no quiero esconder lo que siento, no quiero ser optimista cuando en realidad estoy triste y me siento algo decepcionada. Muchos no entenderán mi razonamiento pero eso siento. Que soy complicada e incomprensible, sí, lo sé.
Faltan dos meses y unos días para mi boda cuando deberían faltar casi cuatro. Hemos cambiado la fecha de la boda y ahora resulta que tengo menos tiempo para prepararla. Ni siquiera tengo un vestido y ahora mismo lo que menos deseo es visitar tiendas y probarme trajes de novia. Incluso, tengo deseos de cancelar todo y olvidarlo por completo. Ya cuando decidí tomar esto en serio y hacer una lista de las cosas por hacer de repente se cambiaron los planes y mis ilusiones se fueron a pique. Ahora lo que tengo es una lista de problemas por resolver y un futuro que me causa más miedo que otra cosa.
Debido a la nueva fecha algunos familiares y amigos no podrán asistir. Esta mañana pensaba en los invitados y resulta que sólo una cuarta parte estará conformada por mi gente, los demás son familiares y amigos de mi novio, vecinos y amigos de mis padres. Dudo que muchos de ellos aun formen parte de mi vida en diez años. Y entonces, ¿para qué una boda? Ahora mismo lo veo como un compromiso con mi familia y mis amigos, gente quien ya le había informado de la boda. Sí, también un compromiso conmigo misma.
Pensarán que soy la novia más extraña y que si lo que quiero es no hacer nada, entonces no debería. Sería muy fácil ir ante el juez civil cualquier mañana de estas en que amanezca con el pie izquierdo como hoy pero, lamentablemente, por más fuerte que quiera aparentar, el compromiso con mis padres es más fuerte que yo. No podría hacerles eso por que no soporto la idea de que ellos se encuentren tristes por mi culpa. Que es mi vida y hago con ella lo que quiero, cierto; pero toda mi vida he sido débil con ellos y por lo tanto he tratado de vivir una vida que los enorgullezca y que jamás los defraude. Por ellos tengo que mantener una sonrisa y ser la mujer feliz y afortunada que ellos quieren que sea. Sé que en el fondo lo soy ya que tengo un compañero que me ama y me ha hecho el centro de su vida, por ello estoy agradecida. Aún así, hoy quiero estar triste, hoy quiero llorar. Hoy no quiero escuchar que todo va estar bien.
Faltan dos meses y unos días para mi boda cuando deberían faltar casi cuatro. Hemos cambiado la fecha de la boda y ahora resulta que tengo menos tiempo para prepararla. Ni siquiera tengo un vestido y ahora mismo lo que menos deseo es visitar tiendas y probarme trajes de novia. Incluso, tengo deseos de cancelar todo y olvidarlo por completo. Ya cuando decidí tomar esto en serio y hacer una lista de las cosas por hacer de repente se cambiaron los planes y mis ilusiones se fueron a pique. Ahora lo que tengo es una lista de problemas por resolver y un futuro que me causa más miedo que otra cosa.
Debido a la nueva fecha algunos familiares y amigos no podrán asistir. Esta mañana pensaba en los invitados y resulta que sólo una cuarta parte estará conformada por mi gente, los demás son familiares y amigos de mi novio, vecinos y amigos de mis padres. Dudo que muchos de ellos aun formen parte de mi vida en diez años. Y entonces, ¿para qué una boda? Ahora mismo lo veo como un compromiso con mi familia y mis amigos, gente quien ya le había informado de la boda. Sí, también un compromiso conmigo misma.
Pensarán que soy la novia más extraña y que si lo que quiero es no hacer nada, entonces no debería. Sería muy fácil ir ante el juez civil cualquier mañana de estas en que amanezca con el pie izquierdo como hoy pero, lamentablemente, por más fuerte que quiera aparentar, el compromiso con mis padres es más fuerte que yo. No podría hacerles eso por que no soporto la idea de que ellos se encuentren tristes por mi culpa. Que es mi vida y hago con ella lo que quiero, cierto; pero toda mi vida he sido débil con ellos y por lo tanto he tratado de vivir una vida que los enorgullezca y que jamás los defraude. Por ellos tengo que mantener una sonrisa y ser la mujer feliz y afortunada que ellos quieren que sea. Sé que en el fondo lo soy ya que tengo un compañero que me ama y me ha hecho el centro de su vida, por ello estoy agradecida. Aún así, hoy quiero estar triste, hoy quiero llorar. Hoy no quiero escuchar que todo va estar bien.
Sección:
Vida
domingo, 15 de julio de 2007
Nueva York es una ciudad de soledades
Nueva York es una cuidad de soledades;
soledades infinitas, universales, inoportunas.
Ubicuas y visibles en cada mirada,
están en los taxis amarillos cuando llueve,
bajo las luces fluorescentes de los trenes
que disfrazan la noche y el día,
en las esquinas,
cuando enfilados para el café,
azota el frío y se ansía un abrazo.
Ellas habitan en la oscuridad de túneles y cloacas,
navegan en silencio las profundidades
del Hudson y el metro
y desde allí acometen a la ciudad.
Como quimeras,
observan desde lo alto
el asfalto abriendo camino entre muros,
isla perdida entre acero y concreto,
seres invisibles entre la multitud.
En tanto, caminamos sin miedo a estar solos,
cuando en el fondo lo estamos
(negarlo es una forma de subsistir);
basta el extraño roce,
el silencio y desdén que nos convierte en sombras,
figurillas de carteles y guías turísticas
que incitan a ser parte de ésta urbe
donde la soledad es raíz, sangre y núcleo
que moldea la vida a su antojo,
la vuelve minúscula,
insignificante;
y mientras nos seduce con luces y ruidos estridentes,
el vacío se acomoda en las entrañas
y se hace una cama.
soledades infinitas, universales, inoportunas.
Ubicuas y visibles en cada mirada,
están en los taxis amarillos cuando llueve,
bajo las luces fluorescentes de los trenes
que disfrazan la noche y el día,
en las esquinas,
cuando enfilados para el café,
azota el frío y se ansía un abrazo.
Ellas habitan en la oscuridad de túneles y cloacas,
navegan en silencio las profundidades
del Hudson y el metro
y desde allí acometen a la ciudad.
Como quimeras,
observan desde lo alto
el asfalto abriendo camino entre muros,
isla perdida entre acero y concreto,
seres invisibles entre la multitud.
En tanto, caminamos sin miedo a estar solos,
cuando en el fondo lo estamos
(negarlo es una forma de subsistir);
basta el extraño roce,
el silencio y desdén que nos convierte en sombras,
figurillas de carteles y guías turísticas
que incitan a ser parte de ésta urbe
donde la soledad es raíz, sangre y núcleo
que moldea la vida a su antojo,
la vuelve minúscula,
insignificante;
y mientras nos seduce con luces y ruidos estridentes,
el vacío se acomoda en las entrañas
y se hace una cama.
Sección:
Poesía
jueves, 12 de julio de 2007
Días dispares
Hay días – III
Hay días en que nada duele, en que sonríes sin motivo alguno, en que te da por cantar, por escuchar canciones de rock y tocar tu guitarra imaginaria; días en que quieres aceptar la invitación de la lluvia, bailar en ella y sentirte renacer con cada minuto que pasa, vivir cada segundo como si acabases de despertar de un largo sueño en el cual perdiste la memoria y sólo sabes del hoy, del ahora.
12 de julio de 2006
Hay días – IV
Hay días en que no quieres ser y sin embargo te sientes atada a una rutina que poco a poco te asfixia, a la vida que llevas a cuestas como una imposición. Días en que no quieres ser esa mujer cobarde, desganada, con temor a arriesgarse, a enfrentar los pensamiento amargos y vencerlos, a luchar contra los relojes que te persiguen y hostigan. Pero te rindes ante la luz que se escurre por tu ventana para avisarte del nuevo día que a fin de cuentas terminará siendo igual que el de ayer y el de mañana; entonces seguirás tu camino, a la misma hora y con el mismo lamento.
12 de julio de 2007
12 de julio de 2007
Sección:
Prosa,
Reflexiones
Suscribirse a:
Entradas (Atom)





